«Canta, diosa, la ira»: los siete versos con los que empieza la Ilíada
Leemos en griego el proemio de la Ilíada (I, 1-7): la ira de Aquiles, el Hades, el plan de Zeus y un alma que no es lo que pensamos.

Este verano media España hizo cola para ver la Odisea de Christopher Nolan: Ulises, el cíclope, las sirenas. Pero esa historia es la segunda parte. Antes hubo otro poema, y ese poema empieza con una sola palabra: μῆνιν, «ira».
No empieza con «guerra», ni con «Troya», ni con «héroes». La primera palabra de la literatura europea que conservamos es un enfado. Y no uno cualquiera: el de Aquiles. En los siete versos que siguen Homero cuenta el final antes que el principio, mete a los dioses en la historia y deja ver, casi de pasada, qué pensaban los griegos del alma y del cuerpo. Vamos a leerlos despacio.
Antes del primer verso
La Ilíada suele fecharse en la segunda mitad del siglo VIII a. C., en la Jonia de Asia Menor, la costa de la actual Turquía. Es una fecha discutida, y hay especialistas que la bajan al siglo VII.Para la fecha y el debate, G. S. Kirk, The Iliad: A Commentary, vol. I (Cambridge, 1985), introducción. También se discute quién fue Homero, o si fue una sola persona. Ya en la Antigüedad varias ciudades se disputaban su cuna, entre ellas Esmirna y Quíos. A todo este debate se le llama la cuestión homérica. el debate, abierto desde el siglo XVIII, sobre quién compuso la Ilíada y la Odisea, cómo y cuándo se fijaron por escrito y si son obra de uno o de varios poetas., y sigue abierto.
Lo que casi nadie discute es que detrás del poema hay siglos de poesía oral. Los aedos. cantores profesionales de la Grecia arcaica, que recitaban poemas épicos acompañándose de la lira. cantaban de memoria, ayudándose de fórmulas fijas, como «el divino Aquiles» o «señor de hombres», que encajaban en el ritmo del verso. Lo demostró Milman Parry en los años treinta, comparando a Homero con los cantores épicos de la antigua Yugoslavia, y su alumno Albert Lord lo desarrolló en The Singer of Tales (1960).

La historia de fondo es la guerra de Troya: una coalición de reyes griegos, a los que Homero llama aqueos, asedia la ciudad durante diez años. Los manda Agamenón, rey de Micenas. Su mejor guerrero es Aquiles, hijo de Peleo, que viene de Ftía, en Tesalia.
Y aquí viene la primera sorpresa: la Ilíada no cuenta la guerra de Troya. No sale el caballo, que se cuenta en la Odisea.Odisea 8.492–520, en el canto de Demódoco; también 4.271–289 y 11.523–532. No muere Aquiles. Y tampoco aparece su talón: la historia de su madre sumergiéndolo en la laguna Estigia es muy posterior, y aparece en la Aquileida de Estacio, ya en el siglo I d. C. Los 24 cantos y casi 15.700 versos del poema cuentan unos cincuenta días del décimo año de guerra. Aristóteles lo consideraba su gran acierto: Homero no quiso contar la guerra entera, que habría sido demasiado larga para abarcarla de una vez, sino que eligió una parte.Aristóteles, Poética 23, 1459a30–37.
El hilo que eligió es la ira de un hombre. Justo después del proemio sabremos por qué se enfada: Agamenón le quita a Briseida, la mujer que le había tocado en el reparto del botín. Aquiles se siente humillado, se retira a su tienda y se niega a luchar. Sin él, los griegos empiezan a caer.
El texto
μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος / οὐλομένην, ἣ μυρί᾽ Ἀχαιοῖς ἄλγε᾽ ἔθηκε, / πολλὰς δ᾽ ἰφθίμους ψυχὰς Ἄϊδι προΐαψεν / ἡρώων, αὐτοὺς δὲ ἑλώρια τεῦχε κύνεσσιν / οἰωνοῖσί τε πᾶσι, Διὸς δ᾽ ἐτελείετο βουλή, / ἐξ οὗ δὴ τὰ πρῶτα διαστήτην ἐρίσαντε / Ἀτρεΐδης τε ἄναξ ἀνδρῶν καὶ δῖος Ἀχιλλεύς.
Canta, diosa, la ira de Aquiles, el hijo de Peleo, funesta, que causó a los aqueos dolores sin cuento y arrojó al Hades muchas almas valerosas de héroes, y a ellos mismos los hizo presa de los perros y de todas las aves (y se iba cumpliendo el plan de Zeus), desde el día en que se separaron, enfrentados en disputa, el Atrida, señor de hombres, y el divino Aquiles.
Verso 1: la ira y quién la canta
Empecemos por la primera palabra. Μῆνις no es un enfado normal. Para el enfado de toda la vida el griego tenía otras palabras, como χόλος, que literalmente es «bilis» (de ahí «cólera» y «melancolía», la «bilis negra»). Μῆνις es otra cosa. En Homero se usa casi siempre para la cólera de los dioses, una ira que no olvida y que trae castigos, y entre los mortales el único que la tiene de forma sostenida es Aquiles.L. Muellner, The Anger of Achilles: Mênis in Greek Epic (Ithaca, 1996). La etimología de la palabra es oscura; se ha propuesto relacionarla con la raíz de «recordar», pero no hay acuerdo. Desde la primera palabra, Aquiles queda un poco por encima de los hombres.
¿Y por qué va delante? Porque en griego el orden de las palabras es bastante libre: las terminaciones ya indican quién hace qué, y lo que va primero suele ser lo que se quiere destacar. Es como empezar una conversación gritando: «¡Rabia! Te voy a hablar de rabia».
Veamos cómo funciona la frase. Ἄειδε, «canta», es un imperativo. Θεά, «diosa», es un vocativo: es la Musa, a la que el poeta pide que cante a través de él. Μῆνιν, en acusativo, es lo que hay que cantar. Y Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος, en genitivo, es «de Aquiles, el Pelida». Ese sufijo -ίδης funciona como nuestros apellidos en -ez: Pelida es «hijo de Peleo» igual que Fernández era «hijo de Fernando».
Del θεά de este verso viene toda una familia: «teología», «ateo», y también «entusiasmo», que es literalmente «tener un dios dentro». Y de ἀείδω, «cantar», vienen «oda», «melodía», «parodia» y «tragedia». Esta última se ha explicado como «canto del macho cabrío», de τράγος y ᾠδή; las piezas están claras, pero por qué un macho cabrío sigue siendo un misterio.
El ritmo: el hexámetro
La épica griega se compone en hexámetro dactílico. verso de seis pies. Los cinco primeros son dáctilos (una larga y dos breves) o espondeos (dos largas); el sexto tiene siempre dos sílabas.. Igual que la poesía latina, no se basa en rimas ni en contar sílabas, sino en alternar sílabas largas y breves. Así suena el primer verso (‒ es larga, ∪ es breve):
μῆνιν ἄ | ειδε θε | ὰ Πη | ληϊά | δεω Ἀχι | λῆος
‒ ∪ ∪ | ‒ ∪ ∪ | ‒ ‒ | ‒ ∪ ∪ | ‒ ∪ ∪ | ‒ ‒
Dos detalles. Πηληϊάδεω tendría cinco sílabas, pero el final -εω se pronuncia de un tirón, como una sola: es una sinizesis. pronunciación de dos vocales seguidas que no forman diptongo como si fueran una sola sílaba.. Y después de θεά, en mitad del tercer pie, hay una pausa, la cesura. corte entre palabras dentro de un pie, que divide el verso en dos partes y marca una pequeña pausa en la recitación.. El aedo respira y sigue. Este ritmo constante es lo que permitía recitar miles de versos de memoria.
Versos 2-3: dolores y almas
Οὐλομένην, «funesta», casi «maldita», concuerda con μῆνιν, que estaba al principio del verso anterior. La frase no cabe en un verso y salta al siguiente; es un encabalgamiento. la frase no termina con el verso y continúa en el siguiente., y el adjetivo cae al principio del verso 2 con todo su peso. En estos cinco versos hay tres saltos así: μῆνιν… οὐλομένην, ψυχὰς… ἡρώων y κύνεσσιν… οἰωνοῖσι. El proemio avanza a empujones.
Ἣ μυρί᾽ Ἀχαιοῖς ἄλγε᾽ ἔθηκε: «que causó a los aqueos incontables dolores». Μυρίος es «incontable», y de ahí sale «miríada». Ἄλγος, «dolor», está escondido en «analgésico», en «neuralgia» y en «nostalgia», que es el dolor del regreso (νόστος). Esta última palabra no es antigua: la inventó en 1688 Johannes Hofer, un estudiante de medicina de Basilea, para describir la añoranza enfermiza de los soldados lejos de casa.J. Hofer, Dissertatio medica de nostalgia, oder Heimwehe (Basilea, 1688). Y ἔθηκε, «puso», es del verbo τίθημι, de la familia de «tesis» e «hipótesis».
Verso 3: πολλὰς δ᾽ ἰφθίμους ψυχὰς Ἄϊδι προΐαψεν, «y arrojó al Hades muchas almas valerosas». Ψυχή es primero el aliento, el soplo vital que se escapa al morir; de ahí nuestra «psique», «psicología» o «psiquiatra». Ἄϊδι es el Hades, el reino de los muertos y también su dios. Los antiguos explicaban el nombre como «el invisible» (a- privativa e ideîn, «ver»), y ya Platón juega con esa idea en el Crátilo, pero es una etimología popular y hoy se considera muy dudosa.Platón, Crátilo 403a–404b.
El verbo προΐαψεν, «arrojó por delante», es violento: las almas no bajan al Hades, salen despedidas hacia allí.

Verso 4: el alma no es la persona
Este es, para mí, el detalle más interesante del pasaje. Verso 4: ἡρώων, αὐτοὺς δὲ ἑλώρια τεῦχε κύνεσσιν. Las almas de los héroes se van al Hades, «y a ellos mismos los hizo presa de los perros».
Fijaos en ese αὐτούς, «ellos mismos». Las almas van al Hades, pero «ellos», los héroes de verdad, se quedan en el campo de batalla. Es decir, «ellos» son los cuerpos. Para Homero la persona es el cuerpo, y la psique es una sombra débil que se escapa al morir y lleva en el Hades una existencia sin fuerza. Es casi lo contrario de lo que defenderá siglos después Platón, para quien el verdadero yo es el alma y el cuerpo es una especie de cárcel.
Que tu cuerpo quedara sin enterrar, para los perros y las aves, era lo peor que le podía pasar a un griego. Y es lo que Aquiles intentará hacerle a Héctor al final del poema, arrastrando su cadáver. El proemio ya lo anuncia.
Un detalle de lengua: κύνεσσιν, «a los perros». En el griego de Atenas habría sido κυσί. Esa terminación -εσσι procede del eolio, otro dialecto. La lengua de Homero es una mezcla de rasgos jonios, eolios y arcaicos que nadie hablaba por la calle: una lengua hecha para la poesía, en la que el aedo elegía la forma que mejor encajaba en el verso.
Verso 5: el plan de Zeus
Οἰωνοῖσί τε πᾶσι, «y de todas las aves». Y luego, un paréntesis: Διὸς δ᾽ ἐτελείετο βουλή, «y se iba cumpliendo el plan de Zeus». El verbo está en imperfecto, que indica una acción en curso: el plan se iba cumpliendo poco a poco. Mientras los hombres caen, por encima de ellos hay un plan.
¿Cuál? Es uno de los grandes debates sobre el proemio. La lectura más extendida lo relaciona con lo que pasa más adelante en el canto I: Tetis, la madre de Aquiles, le pide a Zeus que los griegos pierdan hasta que reconozcan el valor de su hijo, y Zeus se lo concede.Ilíada 1.503–530. Pero un escolio antiguo a este verso cita otro poema épico, los Cantos Ciprios, con una versión mucho más oscura: Zeus provocó la guerra de Troya porque la Tierra estaba agobiada por el exceso de humanos, y quería aligerarla.Escolio a Ilíada 1.5 = Cantos Ciprios, fr. 1 (ed. Bernabé / West). Que Homero aluda aquí a esa historia es discutido. No sabemos si Homero pensaba en eso, y los especialistas no se ponen de acuerdo.

Este verso tiene además una variante famosa. Donde nuestros manuscritos dicen οἰωνοῖσί τε πᾶσι, «y de todas las aves», un filólogo de la Biblioteca de Alejandría, Zenódoto de Éfeso (siglo III a. C.), leía οἰωνοῖσί τε δαῖτα: «y festín para las aves». Lo sabemos porque lo cuenta Ateneo, un autor de hacia el año 200 d. C.Ateneo, Banquete de los eruditos 1.12e–f. La mayoría de las ediciones, como la de Monro y Allen que sigo aquí, mantienen πᾶσι, pero la lectura de Zenódoto tiene defensores. Es una sola palabra, y la imagen se vuelve mucho más cruda.
Versos 6-7: la disputa
Ἐξ οὗ δὴ τὰ πρῶτα διαστήτην ἐρίσαντε, «desde el día en que se separaron, enfrentados». Aquí hay una joya gramatical: διαστήτην y ἐρίσαντε están en dual. número gramatical que, además del singular y el plural, tenía el griego antiguo para referirse a dos personas o cosas.. Homero no necesita decir «los dos»: el verbo y el participio ya los atan en pareja, como dos boxeadores en el mismo ring. Y de ἔρις, «disputa», viene Eris, la diosa de la discordia, la de la manzana de oro que, según el mito, acabó provocando esta guerra.
El verso 7 dice por fin quiénes son: Ἀτρεΐδης τε ἄναξ ἀνδρῶν καὶ δῖος Ἀχιλλεύς, «el Atrida, señor de hombres, y el divino Aquiles». Atrida es «hijo de Atreo», es decir, Agamenón. Y «señor de hombres» y «divino» son dos de esas fórmulas fijas de la poesía oral.
El proemio empieza con Aquiles y acaba con Aquiles: es una composición en anillo. estructura en la que un pasaje termina con el mismo elemento con que empezó, cerrándose sobre sí mismo.. Y un detalle más: en el verso 1 el nombre era Ἀχιλῆος, con una lambda, y aquí es Ἀχιλλεύς, con dos. Homero duplica la consonante cuando el ritmo lo necesita.
Fijaos también en el orden de lo que cuenta: la ira, los dolores, los muertos, los cuerpos abandonados, el plan de Zeus y, al final, la disputa. Homero va hacia atrás, de las consecuencias a la causa, como esas películas que empiezan con el desastre y luego dicen «tres semanas antes».
¿Un poema de la guerra o contra la guerra?
Hay un debate más de fondo: ¿la Ilíada glorifica la guerra o la denuncia? En 1939–1940, con Europa otra vez en guerra, la filósofa francesa Simone Weil escribió un ensayo que tituló La Ilíada o el poema de la fuerza. Para ella, el verdadero protagonista del poema es la fuerza, que convierte en cosas a todos los que toca, vencedores y vencidos.S. Weil, «L’Iliade ou le poème de la force», publicado en Cahiers du Sud entre 1940 y 1941.
No hace falta estar de acuerdo con Weil para notar que el proemio no habla de gloria. Habla de dolores, de almas perdidas y de cuerpos para los perros. Claro que la Ilíada también está llena de hazañas y de honor, de lo que los griegos llamaban κλέος, la fama que sobrevive al guerrero. Las dos cosas conviven en el poema, y cada lector pone el acento donde quiere.
Tres mil años de ira
El arranque de la Ilíada se convirtió en un molde. La Odisea empieza igual, con el objeto delante y una petición a la Musa: ἄνδρα μοι ἔννεπε, Μοῦσα, «háblame, Musa, del hombre». Virgilio abre la Eneida con arma virumque cano, «canto las armas y al hombre». Y John Milton, en El paraíso perdido (1667), todavía pide ayuda a la Musa: Sing, Heav’nly Muse.
En español, generaciones de lectores conocieron el poema con la traducción de Luis Segalá (1908), que empieza «Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles». En pintura, Giambattista Tiepolo pintó en Villa Valmarana, en Vicenza (1757), a Atenea sujetando a Aquiles cuando está a punto de desenvainar contra Agamenón, y Jacques-Louis David pintó La cólera de Aquiles (1819), hoy en el Kimbell Art Museum de Fort Worth. Cavafis, el gran poeta griego moderno, dedicó un poema a los caballos de Aquiles llorando a Patroclo.
La canción de Aquiles (2011), de Madeline Miller, se ha convertido en un fenómeno en redes. El silencio de las mujeres (2018), de Pat Barker, cuenta esta misma historia desde los ojos de Briseida. Y el psiquiatra estadounidense Jonathan Shay usó la ira de Aquiles para explicar el trauma de los veteranos en Aquiles en Vietnam (1994).
Luego está el idioma: psique, nostalgia, miríada, analgésico, teología, oda, tesis. Siete versos, y ya tenéis media docena de palabras que usáis cada día sin saber que vienen de aquí.
Para quedarse
Homero podía haber empezado con una batalla, con Troya en llamas o con el caballo. Empezó con una emoción. Y en siete versos dejó dicho el tema, el final, la causa y el papel de los dioses, además de esa idea tan rara para nosotros de que el alma es solo una sombra y el héroe es su cuerpo. Si tuvierais que resumir vuestra semana en una sola primera palabra, como hizo él, ¿cuál sería?
Fuentes
Texto. Homero, Ilíada 1.1–7, según Homeri Opera, ed. D. B. Monro y T. W. Allen (Oxford Classical Texts, 3.ª ed., 1920), consultada en Perseus Digital Library (urn:cts:greekLit:tlg0012.tlg001.perseus-grc2). La traducción es propia.
Antiguas. Aristóteles, Poética 23; Platón, Crátilo 403a–404b; escolio a Ilíada 1.5 (Cantos Ciprios, fr. 1); Ateneo, Banquete de los eruditos 1.12e–f; Estacio, Aquileida.
Modernas. G. S. Kirk, The Iliad: A Commentary, vol. I (Cambridge, 1985); S. Pulleyn, Homer: Iliad I (Oxford, 2000); L. Muellner, The Anger of Achilles: Mênis in Greek Epic (Ithaca, 1996); A. B. Lord, The Singer of Tales (Cambridge, Mass., 1960); S. Weil, La Ilíada o el poema de la fuerza (1940–1941); J. Shay, Aquiles en Vietnam (1994); Homero, Ilíada, trad. de E. Crespo Güemes (Gredos, 1991).
Las imágenes de este artículo son recreaciones generadas con IA: no reproducen ninguna escena documentada ni conservamos ningún retrato de Homero ni de sus personajes.