Sertorio, el romano que se rebeló contra Roma desde Hispania
Tuerto, proscrito y jefe de lusitanos: Quinto Sertorio humilló a Pompeyo durante años. Lo mataron los suyos, en una cena.

Osca, la actual Huesca, hacia el año 72 a. C. Es de noche y hay banquete: acaban de llegar cartas que anuncian una victoria y hay que celebrarlo. El anfitrión es Marco Perpenna, el segundo al mando, que lleva meses planeando matar a su general. Los invitados son sus cómplices. Hablan alto, sueltan groserías y fingen estar borrachos. El general, harto, se recuesta en el diván y deja de escucharlos. Entonces Perpenna coge una copa de vino y la deja caer. Era la señal convenida.Plutarco, Sertorio 26.3–5. La fecha de la muerte se discute: algunos historiadores, como C. F. Konrad, proponen el 73 a. C.
El hombre al que apuñalaron aquella noche llevaba ocho años derrotando a los mejores generales de Roma desde Hispania, al frente de un ejército de lusitanos y celtíberos. No lo mató un enemigo, sino un romano, en su propia mesa. Se llamaba Quinto Sertorio, y su vida es una de las más novelescas de la República.
Un sabino de Nursia
Sertorio nació hacia el 125 a. C. en Nursia, la actual Norcia, en tierra de los sabinos. Plutarco describe a su familia como «no de las más oscuras»: ni pobres ni nobles. Su padre murió pronto y lo crio su madre, Rea, a la que adoraba. Conviene recordarlo, porque esa devoción reaparece al final de la historia.Plutarco, Sertorio 2.1. La fecha de nacimiento es aproximada: entre el 126 y el 123 a. C.
Creció en una Roma que se hacía enorme por fuera y crujía por dentro. Dos bandos se disputaban el poder: los populares. políticos que buscaban apoyarse en las asambleas del pueblo frente al Senado; no eran un partido organizado, sino una forma de hacer política., que buscaban el apoyo del pueblo, y los optimates. los defensores de la autoridad del Senado y de la élite tradicional., la élite del Senado. Pronto cada bando tendría su hombre fuerte con un ejército detrás: Mario y Sila. El joven Sertorio estudió leyes y hablaba bien en público, pero lo suyo era la guerra.
Del Ródano a Cástulo: el oficio de la astucia
En el 105 a. C., en Arausio, la actual Orange, cimbrios y teutones aplastaron a dos ejércitos romanos. Sertorio estaba allí. Herido y sin caballo, se salvó cruzando el Ródano a nado, con la coraza y el escudo puestos.Plutarco, Sertorio 3.1.

Poco después, a las órdenes de Mario, hizo de espía: se vistió de galo, aprendió lo básico de su lengua y se coló en el campamento enemigo para averiguar qué tramaban.Plutarco, Sertorio 3.2. Y en el 97, como tribuno militar, aparece por primera vez Hispania. Pasaba el invierno en Cástulo, junto a la actual Linares, cuando los de la ciudad, aprovechando que los soldados romanos se dedicaban a beber, llamaron a sus vecinos y atacaron de noche. Sertorio escapó, reunió a los suyos y acabó con los atacantes. Después vistió a sus hombres con la ropa de los muertos y marchó hacia la ciudad que había ayudado en el ataque. Les abrieron las puertas creyendo que volvían los suyos.Plutarco, Sertorio 3.3–4. Primera regla del manual Sertorio: si no puedes con el enemigo, disfrázate de él.
Un ojo menos, una condecoración más
Hacia el año 90, en la Guerra Social, la que enfrentó a Roma con sus aliados italianos, Sertorio perdió un ojo. Lejos de esconderlo, presumía de él: los demás no podían llevar siempre encima sus condecoraciones, pero él sí.
αὐτῷ δὲ τῆς ἀνδραγαθίας παραμένειν τὰ γνωρίσματα
«A él, en cambio, las señales de su valor lo acompañaban siempre».
Cuando entraba en el teatro de Roma, el público se levantaba para aplaudirle.Plutarco, Sertorio 4.3.

Proscrito
Con esa fama se presentó a tribuno de la plebe, y Sila se lo impidió.Plutarco, Sertorio 4.3. Cuando estalló la guerra civil, Sertorio se puso del lado de Mario y de Cinna. Pero no le gustó lo que vio: cuando los marianos tomaron Roma, Mario soltó a una banda de esclavos armados que robaban y mataban, y Sertorio los rodeó de noche y acabó con todos ellos. Plutarco habla de cuatro mil, una cifra que hay que tomar con cautela.Plutarco, Sertorio 5.5. La cifra es dudosa.
Cuando Sila volvió de Oriente con sus legiones, Sertorio vio venir el desastre y se marchó a Hispania como gobernador.Plutarco, Sertorio 6. Hizo bien. Sila ganó y publicó las proscripciones. listas públicas de enemigos del Estado. Quien figuraba en ellas perdía sus bienes y podía ser asesinado impunemente; además, se pagaba una recompensa por su cabeza., y el nombre de Sertorio estaba en ellas.
Las islas de los Bienaventurados
Sila mandó un ejército a Hispania y Sertorio tuvo que huir. Escapó por mar desde Cartago Nova, se alió con piratas cilicios, tomó Ibiza, la perdió y anduvo de costa en costa.Plutarco, Sertorio 7. En la desembocadura del Guadalquivir unos marineros le hablaron de dos islas del Atlántico donde casi no llovía, el viento era suave y la tierra daba fruto sin trabajarla: las islas de los Bienaventurados. Y el gran guerrero quiso irse allí, dejarlo todo y vivir lejos de la guerra.Plutarco, Sertorio 8.2–9.1. Suele pensarse en Canarias o en Madeira, pero la identificación es dudosa.

No llegó a hacerlo. Acabó en Mauritania, donde, según Plutarco, abrió en Tingis, la actual Tánger, la tumba del gigante Anteo para comprobar si era tan grande como decían.Plutarco, Sertorio 9.3–4. Es una leyenda local. Y en el año 80 le llegó un mensaje: los lusitanos, que llevaban años luchando contra Roma, le pedían que fuera su jefe.Plutarco, Sertorio 10.1. Según la cuenta de Plutarco, Sertorio tenía unos ocho mil hombres; enfrente, cuatro generales romanos sumaban más de ciento veinte mil.Plutarco, Sertorio 12.2. Las cifras antiguas de ejércitos son poco fiables.
La cierva blanca
¿Cómo se gana una guerra así? Con guerrilla, con propaganda y con un animal. Un campesino le regaló un cervatillo completamente blanco. Sertorio lo domesticó, lo llevaba a todas partes y empezó a decir que era un regalo de Diana: que la cierva le hablaba en sueños, le avisaba de los ataques y le anunciaba las victorias.Plutarco, Sertorio 11.
Aulo Gelio cuenta la misma historia con un detalle distinto:
Cerva alba eximiae pulchritudinis et vivacissimae celeritatis a Lusitano ei quodam dono data est.
Un lusitano le regaló una cierva blanca de extraordinaria belleza y rapidísima.
Plutarco dice que se la dio un campesino; Gelio, que un lusitano. Y Gelio añade, sin rodeos, que Sertorio mentiebatur ad milites, si mendacium prodesset: mentía a sus soldados si la mentira le servía.Aulo Gelio, Noches áticas 15.22.2.
La lección de las colas
Contra Metelo Pío, un general veterano y prestigioso pero lento, con legiones pesadas, Sertorio practicó la guerrilla: golpeaba y desaparecía, le cortaba los suministros, lo dejaba sin agua. Incluso lo retó a un duelo personal, que Metelo, prudente, rechazó.Plutarco, Sertorio 12–13. Plutarco subraya que Sertorio convirtió lo que era una gran banda de salteadores en un ejército de verdad, con armas, formaciones y señales romanas.Plutarco, Sertorio 14.1.
Pero sus aliados hispanos querían batallas campales, y las perdían. Así que Sertorio les dio una lección. Sacó dos caballos, uno débil y otro fuerte. Junto al débil puso a un hombretón; junto al fuerte, a un tipo enclenque. El forzudo tiró de la cola del caballo débil con todas sus fuerzas y no consiguió nada. El enclenque fue arrancando los pelos de la cola del fuerte uno a uno, hasta dejarla pelada. Y Sertorio se levantó y dijo:
ὁρᾶτε, εἶπεν, ἄνδρες σύμμαχοι, τὴν ἐπιμονὴν ἀνυσιμωτέραν τῆς βίας οὖσαν
«Ya veis, aliados», dijo, «que la constancia consigue más que la fuerza».

La escuela de Osca
Su jugada más inteligente fue otra. En Osca reunió a los hijos de las familias nobles de Hispania y les puso maestros de griego y de latín. Los vistió con la toga pretexta. toga con franja de púrpura que llevaban los niños romanos de familia libre y algunos magistrados. y les regaló bulas de oro. Los padres, encantados. Pero Plutarco lo dice claramente: en la práctica eran rehenes.Plutarco, Sertorio 14.2–3. Mientras los niños estudiaban en Osca, sus padres no se rebelaban. Educación y control, a la vez.

Sus hombres le juraban algo más que lealtad: la devotio ibérica. compromiso de los guerreros hispanos de no sobrevivir a su jefe si este moría en combate.. Si él caía, ellos morían con él.Plutarco, Sertorio 14.4.
Pompeyo, «el discípulo de Sila»
En el 77 llegó a Hispania un general joven, de veintinueve años, que nunca había perdido: Gneo Pompeyo. Sertorio lo llamaba, con sorna, «el discípulo de Sila».Plutarco, Sertorio 18.4. Ese mismo año se le unió el romano Perpenna con los restos de otro ejército rebelde. Conviene no olvidar ese nombre.
En el 76, en Laurón, cerca de Valencia, Sertorio asediaba la ciudad cuando llegó Pompeyo convencido de tenerlo atrapado. Pero Sertorio había escondido tropas detrás, y el atrapado resultó ser Pompeyo, que tuvo que ver arder la ciudad sin atreverse a mover un dedo.Plutarco, Sertorio 18.3–5. La ubicación exacta de Laurón no es segura.

Al año siguiente, junto al río Sucro, el Júcar, Pompeyo estuvo a punto de morir; se salvó porque los soldados de Sertorio se entretuvieron peleándose por su caballo, que llevaba jaeces de oro. Entonces apareció Metelo con refuerzos, y Sertorio se retiró con esta frase:
ἀλλ᾽ ἔγωγε τὸν παῖδα τοῦτον, εἰ μὴ παρῆν ἡ γραῦς ἐκείνη, πληγαῖς ἂν νουθετήσας εἰς Ῥώμην ἀπεστάλκειν.
«Pues yo, a este niño, si no llega a presentarse aquella vieja, le habría dado una buena tunda y lo habría mandado de vuelta a Roma».
El niño era Pompeyo. La vieja, Metelo.
Romano hasta el final
Sertorio llegó a tener casi un Estado propio, con un Senado formado por romanos exiliados.Apiano, Guerras civiles 1.108 habla de trescientos miembros; la cifra se discute. Metelo, desesperado, puso precio a su cabeza: cien talentos de plata y veinte mil pletros. el plethron era una medida griega de superficie, de algo menos de una décima de hectárea. de tierra.Plutarco, Sertorio 22.1. Y desde el mar Negro llegó una oferta: Mitrídates, rey del Ponto y el peor enemigo de Roma, le ofrecía tres mil talentos y cuarenta barcos a cambio de la provincia de Asia.Plutarco, Sertorio 24.2.
Sertorio aceptó ceder Bitinia y Capadocia, pero no Asia, que era romana. Un hombre noble, decía, prefiere vencer con honor a salvarse con vergüenza.Plutarco, Sertorio 23.5.
Habría preferido ser el último ciudadano de Roma a ser el amo del mundo en el exilio.
En el fondo quería volver a casa. Cuando supo que su madre había muerto, se encerró en su tienda siete días, casi sin querer vivir.Plutarco, Sertorio 22.6–7.
La caída
Los romanos de su bando, con Perpenna a la cabeza, tenían envidia: ¿por qué tenía que mandar un sabino de provincias sobre nobles romanos? Empezaron a sabotearlo maltratando a los hispanos y diciendo que eran órdenes de Sertorio. Estallaron revueltas, y Sertorio cambió. Se volvió desconfiado y duro, y de los niños de la escuela de Osca mató a unos y vendió a otros como esclavos.Plutarco, Sertorio 25.4. Apiano, Guerras civiles 1.112, añade que sustituyó su guardia romana por una de hispanos. El hombre que educaba a los hijos de sus aliados acabó matándolos.
La conjura se filtró por un camino casi de comedia: uno de los implicados, Manlio, se lo contó a un muchacho del que estaba enamorado; el muchacho se lo contó a otro amante, Aufidio, que también era conspirador y se asustó. Había que actuar ya.Plutarco, Sertorio 26.1–2. Prepararon cartas falsas que anunciaban una victoria, y Perpenna organizó el banquete. La copa cayó, Antonio, que estaba en el diván de al lado, le clavó la espada y los demás lo apuñalaron hasta matarlo.Plutarco, Sertorio 26.5–6.
Perpenna duró poco. Pompeyo lo derrotó en la primera batalla, y Perpenna, para salvarse, le ofreció las cartas de Sertorio: mensajes de senadores importantes que lo animaban a invadir Italia. Pompeyo las quemó sin leerlas y lo ejecutó.Plutarco, Sertorio 27.3. Algunas ciudades resistieron hasta el final. El asedio de Calagurris, Calahorra, fue tan terrible que el «hambre calagurritana» se hizo proverbial.Valerio Máximo 7.6 ext. 3; Juvenal 15.93–106.

Lo que queda de Sertorio
Plutarco lo coloca en un club muy exclusivo: el de los generales más astutos, que, según él, fueron todos tuertos. Filipo de Macedonia, Antígono, Aníbal y Sertorio; más fiel a sus amigos que Antígono y más clemente que Aníbal.Plutarco, Sertorio 1.4. Frontino recogió muchos de sus trucos en las Estratagemas, y en 1662 Corneille estrenó una tragedia titulada Sertorius.
Y queda Huesca. La antigua Osca, que en sus monedas ibéricas se llamaba Bolskan, tuvo desde 1354 un Estudio General fundado por Pedro IV que acabaría llamándose Universidad Sertoriana, en recuerdo de aquella escuela.El nombre de «Sertoriana» es posterior a la fundación. Sin quererlo, Sertorio ayudó a hacer de Hispania una tierra romana: latín, armas romanas, toga y escuela. Cuando murió, muchos hispanos ya pensaban un poco como romanos.
¿Héroe de Hispania o un romano que usó a los hispanos en su guerra contra Roma? Plutarco lo admira; Apiano lo pinta desconfiado y cruel al final. Probablemente fue las dos cosas.
Fuentes
Antiguas. Plutarco, Vida de Sertorio (fuente principal, muy favorable al personaje, que depende sobre todo de las Historias de Salustio, hoy perdidas salvo fragmentos); Apiano, Guerras civiles 1.108–115; Aulo Gelio, Noches áticas 15.22; Frontino, Estratagemas; Valerio Máximo 7.6 ext. 3; Juvenal 15.
Modernas. P. O. Spann, Quintus Sertorius and the Legacy of Sulla (Fayetteville, 1987); C. F. Konrad, Plutarch’s Sertorius: A Historical Commentary (Chapel Hill, 1994); A. Schulten, Sertorio (trad. esp., Barcelona, 1949).
Los textos griegos siguen la edición de B. Perrin (Perseus); el latino, la de P. K. Marshall (Oxford, 1968). Las imágenes de personajes son recreaciones generadas con IA: no se conserva ningún retrato seguro de Sertorio.